<p>Fotografía de unos niños judíos en el ghetto de Theresienstadt tomada durante una inspección de la Cruz Roja Internacional. Antes de la visita de los miembros de la Cruz Roja Internacional, el ghetto fue "embellecido" con el fin de engañar a los visitantes. Checoslovaquia, 23 de junio de 1944.</p>

Theresienstadt: visita de la Cruz Roja

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Los alemanes cedieron a la presión posterior a la deportación de judíos daneses a Theresienstadt, y permitieron que representantes de la Cruz Roja Danesa y la Cruz Roja Internacional visitaran el campo en junio de 1944. Todo fue un estudiado engaño. Los alemanes intensificaron las deportaciones desde el ghetto poco antes de la visita, y “embellecieron” el lugar. Crearon jardines, pintaron las casas y renovaron los cuarteles. Los nazis organizaron eventos sociales y culturales para los dignatarios visitantes. Una vez que terminó la visita, los alemanes reanudaron las deportaciones desde Theresienstadt, que continuaron hasta octubre de 1944.

Los líderes daneses, desde el rey Cristián hacia abajo, insistieron en que la Cruz Roja Danesa visitara a los deportados daneses para obtener información de primera mano sobre el trato que recibían en Theresienstadt. Los diplomáticos alemanes sintieron que la posición de su país en Dinamarca y Suecia iba a deteriorarse, al punto de perjudicar los intereses alemanes. Las Wehrmacht (fuerzas armadas alemanas) querían paz y calma en Dinamarca, y en Suecia los alemanes esperaban seguir importando los armamentos necesarios para la guerra. Bajo importante presión, la Oficina Principal de Seguridad del Reich (RSHA) aceptó estudiar el asunto y, a fines de 1943, ordenó a las autoridades del campo-ghetto de Theresienstadt que “prepararan” las instalaciones. Después de varios rodeos, la RSHA finalmente autorizó la visita de los representantes de la Cruz Roja Internacional y la Cruz Roja Danesa para junio de 1944 y ordenó al personal de las SS en Theresienstadt que completara los preparativos.

Se tomaron bien estudiadas medidas para disimular las condiciones del ghetto y representar una atmósfera de normalidad. Las SS hicieron participar al Consejo de Ancianos Judíos y los “residentes” del campo-ghetto en un programa de “embellecimiento”. Los prisioneros crearon jardines, pintaron los complejos de viviendas, renovaron los cuarteles, y desarrollaron y pusieron en marcha programas culturales para entretenimiento de los dignatarios visitantes para convencerlos de que el “asentamiento de ancianos” era real. Las autoridades de las SS intensificaron las deportaciones de los judíos desde el ghetto para aliviar la superpoblación, y como parte de los preparativos en el campo-ghetto, 7.503 personas fueron deportadas a Auschwitz entre el 16 y el 18 de mayo de 1944.

El 23 de junio de 1944, como estaba planeado, dos delegados de la Cruz Roja Internacional y uno de la Cruz Roja Danesa visitaron el ghetto, acompañados por el comandante de Theresienstadt, primer teniente coronel de las SS Karl Rahm y uno de los que compartían el mando con él. Las instalaciones se habían “limpiado” y reacondicionado como un pueblo modelo. Entre las pistas que daban a entender que no todo estaba bien se encontraba el ojo morado del “alcalde” de la “ciudad”, papel desempeñado por Paul Eppstein, miembro del Consejo de Ancianos que representaba a los judíos alemanes. A pesar de estas pistas, los inspectores de la Cruz Roja Internacional fueron engañados. Esto se debió en parte a que ellos esperaban encontrarse con las condiciones de un ghetto polaco, con gente muerta de hambre en las calles y policías armados en el perímetro.

La administración judía, bajo coacción de los alemanes, invitó a la delegación visitante a presenciar el juicio a una persona “acusada” de robo que “justo tenía lugar en ese momento”, a un partido de fútbol en el predio del campo lleno de multitudes entusiastas y a una función de la ópera infantil Brundibár, representada en un salón que se había construido específicamente para esa ocasión.

Como resultado de los preparativos para la visita de la Cruz Roja, el verano de 1944 fue, como escribió más tarde un sobreviviente, “el mejor momento que pasamos en Terezín. Nadie pensaba que se realizarían nuevos traslados”.

Como consecuencia de la inspección, las autoridades de las SS en el Protectorado produjeron una película que mostraba a los residentes del ghetto como prueba del buen trato que supuestamente se daba a los “residentes” judíos de Theresienstadt. En la propaganda nazi, se describía cínicamente a Theresienstadt como una “ciudad balnearia” donde los judíos alemanes ancianos podían “jubilarse” con seguridad. Cuando se terminó la película, las autoridades de las SS deportaron a la mayoría del “elenco” al centro de exterminio de Auschwitz-Birkenau. A pesar del esfuerzo realizado para la película de propaganda, las autoridades alemanas finalmente decidieron no proyectarla.