<p>Los idiomas oficiales de los juicios de Núremberg fueron inglés, francés, ruso y alemán. Los intérpretes hacían traducciones simultáneas de los procedimientos. Las transmitían a los participantes del juicio a través de un conmutador. Núremberg, Alemania, noviembre de 1945.</p>

Traducción en la sala del tribunal

Los juicios de Núremberg fueron una experiencia precoz de la traducción simultánea. El estatuto del Tribunal Militar Internacional establecía que los acusados tenían derecho a un juicio justo y que, en consecuencia, debían traducirse todos los procedimientos a los idiomas que los acusados entendieran. Cada uno de los cuatro jueces internacionales también debía entender los procedimientos. La empresa estadounidense IMB desarrolló un sistema de traducción basado en otro anterior usado en la Sociedad de las Naciones en 1931. En la vieja versión, los discursos eran pretraducidos y luego leídos simultáneamente en los diferentes idiomas.

En el tribunal de Núremberg, se utilizaron cinco canales de traducción. El primer canal contenía las transmisiones textuales del orador. Los otros canales eran traducciones al inglés, ruso, francés y alemán. Cada participante del juicio tenía auriculares. Había seis micrófonos ubicados en la sala del tribunal: uno por cada juez, el estrado de los testigos y el podio del orador. Tres equipos de intérpretes trabajaron bajo la dirección de Leon Dostert, teniente coronel del ejército de los Estados Unidos, y Alfred Steerel, capitán de corbeta de la armada de los Estados Unidos. Dos equipos se turnaban en la sala de tribunal, mientras el tercer equipo de reserva se sentaba en otra habitación y escuchaba los procedimientos. Un cuarto equipo de traductores auxiliares estaba disponible para otros idiomas tales como yidis y polaco. Además, otros dos intérpretes se sentaban en un banco detrás de los jueces.

Debido a estas necesidades complejas de la traducción, en el juicio se fijó un límite de 60 palabras por minuto. Un monitor que operaba un interruptor de control en la sección de interpretación encendía una luz amarilla para avisarle al orador si hablaba muy rápido, o una luz roja para indicarle que debía detenerse y repetir lo que había dicho. IMB proporcionó la nueva tecnología gratuitamente para el juicio, con la condición de que el gobierno estadounidense pagara los costos de envío e instalación. Gracias al éxito del sistema utilizado en Núremberg, posteriormente IMB pudo vender el sistema para su uso en las Naciones Unidas.

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