<p>En Berlín, una mujer alemana lee un ejemplar del diario Berliner Illustrierte, que muestra fotos de la visita oficial de Mussolini a Berlín en septiembre de 1937.</p>

La redacción de las noticias

Poco después de tomar el poder en enero de 1933, Adolf Hitler y los nazis tuvieron éxito en destruir la vibrante y diversa cultura de la prensa alemana. El recién creado Ministerio de Propaganda e Información Pública entregaba instrucciones diarias a todos los periódicos alemanes, nazis o independientes, en las que detallaba la forma en que se reportarían las noticias.

Hechos clave

  • 1

    Antes de que los nazis tomaran el control, Alemania tenía 4.700 periódicos diferentes, que reflejaban todas las tonalidades de la opinión política.

  • 2

    El régimen nazi eliminó rápidamente la libertad de prensa en Alemania, cerrando los periódicos de oposición y manipulando la prensa.

  • 3

    El imperio de prensa del Partido Nazi se expandió rápidamente después de 1933, al igual que la cantidad de lectores de sus periódicos. Para 1941, la prensa nazi representaba más del 80% de los periódicos en circulación de Alemania.

Introducción

Joseph Goebbels, quien en un momento de su vida fuera periodista, escribió en su diario (el 14 de abril de 1943) la siguiente reflexión sobre la pérdida de independencia de la prensa durante la guerra: “Cualquier hombre que aún conserve algo de honor deberá tener mucho cuidado de no convertirse en periodista”.

Cuando Hitler llegó al poder en 1933, Alemania tenía una infraestructura de comunicación bien desarrollada.

En Alemania se publicaban más de 4.700 periódicos diarios y semanales al año, más periódicos que en cualquier otra nación industrializada, con una circulación total de 25 millones de ejemplares. Aunque Berlín era la capital de la prensa, las imprentas de ciudades pequeñas dominaban la circulación de periódicos (el 81% de todos los periódicos alemanes estaba en manos de empresas locales). Los ocho periódicos que se publicaban en las ciudades más grandes, sin embargo, tenían reputaciones internacionales bien establecidas.

La industria cinematográfica alemana se encontraba entre las mayores del mundo, y sus películas recibían elogios internacionales; además, la nación era pionera en el desarrollo de la radio y la televisión.

El establecimiento del control de la prensa

Cuando Hitler asumió el poder en 1933, los nazis controlaban menos del tres por ciento de los 4.700 periódicos que circulaban en Alemania. La eliminación del sistema político multipartidista no solo provocó la desaparición de cientos de periódicos producidos por partidos políticos proscritos, sino que también permitió que el estado confiscara las prensas y el equipo de los partidos comunista y socialdemócrata, que a menudo se entregaban directamente al partido nazi. En los siguientes meses, los nazis establecieron el control o ejercieron influencia sobre los organismos de la prensa independiente.

Durante las primeras semanas de 1933, el régimen nazi utilizó la radio, la prensa y los noticieros cinematográficos para avivar el temor de un “levantamiento comunista” en proceso, y después canalizó la ansiedad popular en medidas políticas que erradicaron las libertades civiles y la democracia.

En cuestión de meses, el régimen nazi destruyó la prensa libre alemana, que antes fuera tan vigorosa. Para 1941, la editorial Eher del Partido Nazi se había convertido en la editorial más grande de la historia de Alemania, y su principal periódico, Völkischer Beobachter (Observador Nacional) había alcanzado una circulación de más de un millón de ejemplares.

El periódico Völkischer Beobachter, que Hitler había comprado para el partido en 1920, anunciaba reuniones y otras noticias a los miembros del partido y extendía el alcance del partido más allá de las reuniones y la cervecería. La circulación aumentó a la par que el éxito del movimiento nazi, llegando a más de 120.000 ejemplares en 1931 y a 1,7 millones para 1944.

El editor del Völkischer Beobachter era el escritor antisemita e ideólogo nazi Alfred Rosenberg; el periódico se especializaba en publicar hipérboles breves de los temas favoritos de los nazis: la humillación del Tratado de Versalles, la debilidad del sistema parlamentario de Weimar y el flagelo mundial de la judería y el bolchevismo. Todos estos temas se contrastaban con eslóganes patrióticos nazis.

Un hombre, un periódico

Primera plana del número más popular de la publicación nazi, Der Stürmer, con la reimpresión de una representación medieval ... Der Stürmer fue el periódico antisemita más tristemente célebre de Alemania. El líder provincial nazi, el gauleiter Julius Streicher, exmaestro de escuela convertido en activista nazi, era el editor y directo del periódico.

El periódico se publicó durante más de 20 años, de 1923 a 1945, y publicaba historias espeluznantes sobre “asesinatos rituales”, delitos sexuales y desfalcos financieros cometidos por judíos. Durante la República de Weimar, las declaraciones atroces y difamatorias de Der Stürmer producían con frecuencia demandas que presentaban organizaciones judías y políticos escandalizados contra el mismo Streicher y el periódico.

Después de que el nazismo asumió el poder, sin embargo, la fortuna del periódico y de su editor mejoró de manera vertiginosa. La circulación del periódico aumentó drásticamente, de 14.000 ejemplares en 1927 a casi 500.000 en 1935. Aunque los visitantes extranjeros y muchos alemanes, incluidos algunos propagandistas nazis, consideraban que el monotemático periódico era ofensivo, Hitler se negó a cerrar Der Stürmer, incluso después de que un tribunal del Partido Nazi expulsara a Streicher de su cargo político y del partido por corrupción.

Durante la década de 1930, los alemanes podían encontrar el Der Stürmer en todas las calles de Alemania. Streicher distribuyó numerosos exhibidores para promover su propaganda antisemita y aumentar la circulación. Para cubrir todos estos exhibidores y las suscripciones, a veces aumentaba el tiraje del periódico a 2.000.000 de ejemplares.

Los periódicos judíos como respuesta comunitaria

Aunque la maquinaria de propaganda nazi se apropió de la prensa alemana para que sirviera a su ideología racista, los periódicos publicados por las comunidades judías locales (Gemeinden) para sus miembros se convirtieron en una línea vital para los judíos de las ciudades y los pueblos de toda Alemania, y en un vínculo entre las comunidades locales y los líderes de las organizaciones judías nacionales.

Cuando se produjo el boicot de los negocios judíos a nivel nacional en abril de 1933, Arno Herzberg, jefe de la Agencia Telegráfica Judía en Berlín, escribió:

“Las nuevas circunstancias en las que se encuentra ahora la judería alemana anuncian también una nueva era para la prensa judía. Esta nueva era ha introducido tareas de gran alcance para el periodismo judío. Anteriormente la prensa judía tenía una existencia tranquila. Se mantenía al margen de las inquietudes del judío alemán promedio… Todo esto ha cambiado de manera fundamental en la era en que los judíos son excluidos de los amplios círculos sociales e intelectuales alemanes”.

Estos periódicos comunales publicaban artículos y editoriales destinados a fortalecer una identidad judía positiva frente a la degradante propaganda antisemita oficial, así como a asesorar y motivar a los miembros de la comunidad para enfrentar los desafíos diarios creados por la vida bajo la legislación nazi antisemita. A medida que aumentaba la cantidad de judíos que emigraban de Alemania, muchas comunidades judías locales (Gemeinden) desaparecieron y sus periódicos cerraron. El 11 de noviembre de 1938, tras la violencia del pogrom de Kristallnacht, el gobierno alemán prohibió la publicación de los demás periódicos comunales judíos. A partir de ese momento, los judíos tuvieron que recibir todas las noticias y los anuncios oficiales del Jüdisches Nachrichtenblatt, controlado por el gobierno.

Las autoridades alemanas no exigían que los periódicos comunales judíos siguieran los reglamentos que se le imponían a la prensa alemana en general. Por ejemplo, las publicaciones judías no estaban obligadas a publicar palabra por palabra los temas de debate, ni a repetir la propaganda oficial emitida por el Ministerio de Propaganda en sus conferencias de prensa diarias. Las autoridades alemanas prohibían que quienes no eran judíos compraran o leyeran estos periódicos comunales judíos.

Nuevos caminos para la propaganda: cine, radio y televisión

Cartel de 1936: "Toda Alemania escucha al Führer en la Radio del Pueblo (Volksempfänger)".Los nazis entendían el poder y el atractivo de las tecnologías emergentes como el cine, los altavoces, la radio y la televisión al servicio de la propaganda. Estas tecnologías ofrecían a los líderes nazis un medio para la difusión masiva de sus mensajes ideológicos y un vehículo para reforzar el mito de la Volksgemeinschaft (comunidad nacional) a través de las experiencias comunales de ver y escuchar.

Después de 1933, la radio alemana transmitió los discursos de Hitler a los hogares, las fábricas y hasta en las calles de las ciudades por medio de altavoces. Los funcionarios del Ministerio de Propaganda de Goebbels vieron la gran promesa que significaba la radio para la propaganda. El ministerio otorgó importantes subsidios para la fabricación de los “radios del pueblo” (Volksempfänger) baratos, para facilitar así su venta. Para 1935 se habían vendido aproximadamente 1,5 millones de estos radios, lo que convirtió a Alemania en el país con la mayor cantidad de radioescuchas del mundo.

En 1935, Alemania se convirtió en la primera nación que introdujo el servicio regular de televisión. El Ministro de Propaganda Joseph Goebbels vio el gran potencial propagandístico del nuevo medio, pero pensaba que se podía aprovechar mejor a través de la experiencia colectiva, como el cine o el teatro.

Detrás de los titulares: manipulación nazi de los medios de comunicación en la Kristallnacht

La noche del 9 al 10 de noviembre de 1938, los líderes nazis instigaron una ola de violencia que devastó a las comunidades judías de todo el Gran Reich Alemán y escandalizó a la opinión pública mundial. Ante la insistencia del Ministro de Propaganda Joseph Goebbels, los líderes nazis locales y regionales dieron inicio a una destrucción y brutalidad sin sentido, utilizando el asesinato de un diplomático alemán en París a manos de un adolescente judío enojado para justificar la violencia. Durante la Kristallnacht (la noche de los cristales rotos), los agitadores destruyeron o dañaron unos 7.500 negocios judíos, incendiaron cientos de sinagogas y asesinaron a 91 judíos.

Durante los siguientes días, la policía de seguridad alemana arrestó a aproximadamente 30.000 judíos y los encarceló en los campos de concentración de Buchenwald, Dachau y Sachsenhausen.

Incluso cuando los periódicos de todo el mundo reportaron los hechos y las consecuencias de la Kristallnacht, el Ministerio de Propaganda Alemana se involucró en un serio proceso de control de daños a través de una campaña de prensa orquestada que buscaba justificar las pasiones que suscitaron la violencia atribuyéndolas a la “indignación espontánea” del pueblo alemán, y minimizar el alcance real de las muertes y la destrucción.

La manipulación tras bambalinas de la prensa respecto a este evento revela las operaciones de control de la información y de los daños de la maquinaria propagandística nazi (tanto para el público alemán como para el público internacional), así como la rapidez con la que respondía a la crítica exterior y a las noticias de último momento.

Transmisiones prohibidas: la radio extranjera como una fuente alternativa de noticias

En tiempos de guerra, los gobiernos por lo general restringen y censuran el acceso del público a la información para evitar que la información importante se filtre al enemigo o para aislar a la población nacional de la información que podría debilitar la moral del público. Cuando Alemania invadió Polonia el 1º de septiembre de 1939, el régimen nazi implementó medidas draconianas para evitar que su población recibiera información del exterior. El gobierno alemán le prohibió a sus ciudadanos que escucharan transmisiones extranjeras, y hacerlo constituía un delito. Los tribunales alemanes podían condenar a prisión, o incluso a la muerte, a las personas que difundieran historias recogidas de las estaciones de radio enemigas.

Guiadas por el temor de que la propaganda de los aliados en la Primera Guerra Mundial había erosionado la moral de los alemanes y propiciado el descontento, las autoridades alemanas esperaban que la amenaza de castigos graves por escuchar transmisiones extranjeras reforzara los esfuerzos por aislar a la población de las “mentiras” del enemigo. A pesar de los atentos y vigilantes ojos y oídos de los informantes de la Gestapo y del Partido Nazi, millones de alemanes sintonizaron la British Broadcasting Corporation (BBC) y otras estaciones transmisoras prohibidas para recibir información.

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